DRAMATIZACION DE UN CAPÍTULO DEL LIBRO
Capítulo XIV

DON DEMETRIO: La vieja miente. Mirad
(enseña una placa dorada)
DOÑA ANA: ¿Dónde hallasteis esto?
DON DEMETRIO: Lo tenía una india. Es oro. La cacica nos engaña.
DOÑA ANA: No hay signo alguno de riqueza enel poblado.
DON DEMETRIO: Puede ser todo similación. Yo os aconsejo prender a la cacica y que se le dé tortura, si es preciso, hasta que diga la verdad.
DOÑA ANA: Descansemos, don Demetrio. Mañana se resolverá lo que convenga.
(al día siguiente)
CACICA: No es ésa la protección que yo esperaba de rey tan grande como el que anuncias. Ya no quiero que sigáis en el poblado. Tendrás comida para los tuyos, pero cuando el sol esté alto debéis haberos ido.
(Doña Ana se mostró furiosa por los actos de don Demetrio)
DON DEMETRIO: Señora, no hemos recorrido tantas leguas y pasado todos esos trabajos para parar en remilgos. Buscamos una ciudad de oro y por Dios que, si es ésta, el oro debe salir a la luz aunque haya que desmoronar las casas y levantar el mismo suelo que pisamos.
DOÑA ANA: Está claro que aquí no hay sino lo que vemos. Gente pobre es, y que vive por sus manos. Estos no son los reinos del gran Moctezuma. Sin dida el peregrino puso en su carta una de tantas fábulas de tesoros como por ahí corren.
DON DEMETRIO: ¿Qué pensáis, pues, hacer?
DOÑA ANA: Primeramente, satisfacer a nuestra anfitriona. Los autores de los desmanes de esta noche han de ser castigados.
DON DEMETRIO: ¿Tenéis miedo de esa vieja?
DOÑA ANA: Hay ante todo razones de justicia. Pero también debemos considerar que los guerreros de este poblado están a punto de regresar y que, mermaods como estamos, los soldados y los caballos débiles, tan lejos de nuestros barcos, cualquier guerra puede resultar fatal para la expedición.
DON DEMETRIO: ¿Y cuál es nuestro destino ?
DOÑA ANA: La cacica me dijo que, hacia el sur, hay abundancia extraordinaria de estas perlas. Ya veis que son muy puras y valiosas. Es mi parecer que sigamos esa ruta. Cualquiera que sea el resultado de nuestra búsqueda, iremos luego hacia el oeste, retornando al gran río, y a los barcos.
DON DEMETRIO: Mas quedan muy pocos días para que se cumpla el plazo de espera que dimos a las tripulaciones.
DOÑA ANA: Tiempo suficiente para esta entrada. Ellos esperarán.
DON DEMETRIO: Yo propongo retornar ya a los barcos, señora. Creo que seguir esta empresa no va a reportarnos beneficio alguno.
Capítulo XIV

DON DEMETRIO: La vieja miente. Mirad
(enseña una placa dorada)
DOÑA ANA: ¿Dónde hallasteis esto?
DON DEMETRIO: Lo tenía una india. Es oro. La cacica nos engaña.
DOÑA ANA: No hay signo alguno de riqueza enel poblado.
DON DEMETRIO: Puede ser todo similación. Yo os aconsejo prender a la cacica y que se le dé tortura, si es preciso, hasta que diga la verdad.
DOÑA ANA: Descansemos, don Demetrio. Mañana se resolverá lo que convenga.
(al día siguiente)
CACICA: No es ésa la protección que yo esperaba de rey tan grande como el que anuncias. Ya no quiero que sigáis en el poblado. Tendrás comida para los tuyos, pero cuando el sol esté alto debéis haberos ido.
(Doña Ana se mostró furiosa por los actos de don Demetrio)
DON DEMETRIO: Señora, no hemos recorrido tantas leguas y pasado todos esos trabajos para parar en remilgos. Buscamos una ciudad de oro y por Dios que, si es ésta, el oro debe salir a la luz aunque haya que desmoronar las casas y levantar el mismo suelo que pisamos.
DOÑA ANA: Está claro que aquí no hay sino lo que vemos. Gente pobre es, y que vive por sus manos. Estos no son los reinos del gran Moctezuma. Sin dida el peregrino puso en su carta una de tantas fábulas de tesoros como por ahí corren.
DON DEMETRIO: ¿Qué pensáis, pues, hacer?
DOÑA ANA: Primeramente, satisfacer a nuestra anfitriona. Los autores de los desmanes de esta noche han de ser castigados.
DON DEMETRIO: ¿Tenéis miedo de esa vieja?
DOÑA ANA: Hay ante todo razones de justicia. Pero también debemos considerar que los guerreros de este poblado están a punto de regresar y que, mermaods como estamos, los soldados y los caballos débiles, tan lejos de nuestros barcos, cualquier guerra puede resultar fatal para la expedición.
DON DEMETRIO: ¿Y cuál es nuestro destino ?
DOÑA ANA: La cacica me dijo que, hacia el sur, hay abundancia extraordinaria de estas perlas. Ya veis que son muy puras y valiosas. Es mi parecer que sigamos esa ruta. Cualquiera que sea el resultado de nuestra búsqueda, iremos luego hacia el oeste, retornando al gran río, y a los barcos.
DON DEMETRIO: Mas quedan muy pocos días para que se cumpla el plazo de espera que dimos a las tripulaciones.
DOÑA ANA: Tiempo suficiente para esta entrada. Ellos esperarán.
DON DEMETRIO: Yo propongo retornar ya a los barcos, señora. Creo que seguir esta empresa no va a reportarnos beneficio alguno.
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