DOS FINALES POSIBLES
PRIMER FINAL

Justo cuando Juana me besó, me desveló todos sus sentimientos hacia mí, yo no era solo un amigo para ella. Lo que más me sorprendió es lo que estaba despertando en mí ese beso, sentía cosas que nunca había sentido. Me gustó. Juana se hecho atrás de repente, y me pidió perdón por el beso, entonces la besé yo. Fue el beso mas bonito, romántico y apasionado que nadie me había hecho nunca. Se puso a llorar, y yo no sabía que decirle. No soy demasiado experimentado en estas cosas.
- Miguel, no nos volveremos a ver, verdad ?
- Pero, claro que sí, cómo […]
- No me mientas por favor
Todavía se puso a llorar más y más fuerte. El corazón se me rompió al verla así, y no podría soportar no verla más. Entonces fue cuando tuve que tomar la decisión más importante de mi vida. La cogí del brazo y me la llevé. Cogimos el barco que estaba al lado del nuestro, y sin saber a donde nos dirigíamos, abandonamos a todos los que nos envolvían, familia y amigos.
Nunca me arrepentí de haber tomado esa decisión, con ella, he sido el hombre, si se puede llegar a decirme hombre, más feliz del mundo.
- Miguel, no nos volveremos a ver, verdad ?
- Pero, claro que sí, cómo […]
- No me mientas por favor
Todavía se puso a llorar más y más fuerte. El corazón se me rompió al verla así, y no podría soportar no verla más. Entonces fue cuando tuve que tomar la decisión más importante de mi vida. La cogí del brazo y me la llevé. Cogimos el barco que estaba al lado del nuestro, y sin saber a donde nos dirigíamos, abandonamos a todos los que nos envolvían, familia y amigos.
Nunca me arrepentí de haber tomado esa decisión, con ella, he sido el hombre, si se puede llegar a decirme hombre, más feliz del mundo.
SEGUNDO FINAL
Estábamos todos en el barco, volviendo a España. No hacía muy buen tiempo pero se podía soportar. Un día estábamos todos en la mesa desayunando cuando, de repente, Lucía cayó desplomada en el suelo, cómo se le hubiese dado un ataque al corazón. Tenía un pañuelo en la mano manchado de sangre, entonces descubrimos que tenía tuberculosis. Intentamos bajarle la fiebre pero al cabo de media hora murió. Reinó el silencio de el barco durante días, hasta que hubo el segundo intoxicado por la tuberculosis. Los tripulantes empezaban a inventarse historia de que todos acabaríamos muertos a causa de la tuberculosis, pero, quien puede llegar a creer eso. Mucho de los tripulantes cogieron los botes y se fueron. Solo quedábamos Ginés, Doña Ana, Juana, el capitán, dos tripulantes más y yo. Poco a poco les fue afectando a todos la tuberculosis. Solo quedábamos Juana, Doña Ana y yo, pero no quedaban botes.
- Chicos, no os preocupéis, os sacaré de éste infierno.
- Doña Ana, usted no puede hacer esfuerzos, sabe que si los hace empeorará, y no podemos perderla a usted también -. dijo Juana.
- No me pasará nada, estad tranquilos.
Se fue a la borda a intentar dar rumbo al barco, pero no lo consiguió, al ver que no volvía subimos a ver que pasaba y nos la encontramos en el suelo. Llegamos demasiado tarde.
- Miguel, estoy asustada, ¡marchémonos de aquí!
- Juana tranquila, no nos pasará nada, además no hay botes, ¿Como quieres irte?
- No lo se, nademos, seguro que algún barco nos encuentra
La abracé y se quedó dormida al instante. No sabía que hacer, tenía la menta totalmente nublada. A la mañana siguiente me desperté con mucho dolor de cabeza y mucha fiebre. Tuberculosis.
- Miguel, yo te cuidare. Saldremos de ésta, tranquilo. ¿ Duérmete, si ?
Cerré los ojos para dormir, pero no lo conseguía, entonces escuché a Juana llorar. Sabía que también se encontraba mal y tenía fiebre, pero no me lo decía.
- Juana, ven, ven conmigo por favor.
- Estoy aquí. ¿ Qué te pasa ?
- Tengo f
río. Tengo frío.
Me abrazó con todas sus fuerzas para darme su calor, pero fue tanto el esfuerzo que hizo que al despertarme la vi allí, a mi lado, sin vida. La abracé, con todas las pocas fuerzas que me quedaban, cómo si con un abrazo pudiera despertarla, pero no lo hizo. Poco a poco noté que se me acababan las fuerzas, y los ojos se me cerraban. Había llegado mi hora.
- Chicos, no os preocupéis, os sacaré de éste infierno.
- Doña Ana, usted no puede hacer esfuerzos, sabe que si los hace empeorará, y no podemos perderla a usted también -. dijo Juana.
- No me pasará nada, estad tranquilos.
Se fue a la borda a intentar dar rumbo al barco, pero no lo consiguió, al ver que no volvía subimos a ver que pasaba y nos la encontramos en el suelo. Llegamos demasiado tarde.
- Miguel, estoy asustada, ¡marchémonos de aquí!
- Juana tranquila, no nos pasará nada, además no hay botes, ¿Como quieres irte?
- No lo se, nademos, seguro que algún barco nos encuentra
La abracé y se quedó dormida al instante. No sabía que hacer, tenía la menta totalmente nublada. A la mañana siguiente me desperté con mucho dolor de cabeza y mucha fiebre. Tuberculosis.
- Miguel, yo te cuidare. Saldremos de ésta, tranquilo. ¿ Duérmete, si ?
Cerré los ojos para dormir, pero no lo conseguía, entonces escuché a Juana llorar. Sabía que también se encontraba mal y tenía fiebre, pero no me lo decía.
- Juana, ven, ven conmigo por favor.
- Estoy aquí. ¿ Qué te pasa ?
- Tengo f
río. Tengo frío.Me abrazó con todas sus fuerzas para darme su calor, pero fue tanto el esfuerzo que hizo que al despertarme la vi allí, a mi lado, sin vida. La abracé, con todas las pocas fuerzas que me quedaban, cómo si con un abrazo pudiera despertarla, pero no lo hizo. Poco a poco noté que se me acababan las fuerzas, y los ojos se me cerraban. Había llegado mi hora.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada