dilluns, 2 de març del 2009

DIEZ AÑOS DESPUÉS... Epílogo de la novela.


Tengo 25 años, estoy casado con Lucía y tengo dos hijas preciosas. Desde que volvimos de América solo recibí una carta de Doña Ana, diciéndome que todo le iba bien.
Un día de hace un año, fui a la gran ciudad porqué me tenía que encargar de un trabajo con los caballos. Entonces la vi. Era Juana, vestida de arqueóloga. En cuanto me vio, vino corriendo y me abrazó, dándome un beso en la boca y diciéndome cuánto me ha echado de menos todos estos años. Le conté que me había casado con Lucía, y se quedó pasmada, enfureció de golpe y se marcho a su hotel, el Hillton.
Esa noche no pude dormir, recordando todos los momentos que pasé con ella, y cómo había herido nuestra amistad aquella tarde.
A la mañana siguiente fui al Hillton a verla, sin decirle nada a mi mujer. En cuanto me vio salió corriendo, pero conseguí cogerle el brazo, entonces la besé. Tuvimos una aventurilla que duró muy poco, porqué Lucía parió a mi segunda hija, y tuve que dejar de ver a Juana. Ella se fue, sin decir nada, i no la volví a ver ni a hablar con ella hasta hoy, que he recibido una carta suya diciéndome:
Miguel, ven ésta noche en el puerto, escápate de tu mujer y ven conmigo a África, allí nadie nos molestará.
Si no vienes entenderé que no quieres estar con migo.
Espero que vengas. Juana.
Me arrepiento de muchas cosas en ésta vida, pero hay algo de lo que no me voy a arrepentir nunca. No iré a África.

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